Es una de las preguntas que los docentes deberían preguntarse antes de enseñar. Su importancia radica en la necesidad de adaptar nuestra enseñanza a los procesos de aprendizaje de nuestros alumnos si queremos que éstos aprendan. Uno de los procesos cognitivos básicos que interviene en el aprendizaje es la memoria, un componente esencial para la supervivencia del ser humano.

Para aprender necesitamos almacenar la información y recuperarla, por lo que conocer la estructura y el funcionamiento de la memoria nos ayudará a entender cómo son capaces nuestros alumnos de procesar la información.

Según el modelo multialmacén de Atkinson y Shiffrin (1968) el procesamiento de la información se realiza secuencialmente y mediante tres estructuras: el almacén sensorial, la memoria a corto plazo (MCP) y la memoria a largo plazo (MLP).

En primer lugar, la información que captamos del medio a través de los sentidos se guarda en los almacenes sensoriales (visual, auditivo, etc.), pero permanece durante muy poco tiempo; después, es seleccionada y almacenada en la memoria a corto plazo.

En segundo lugar, la información seleccionada pasa del almacén sensorial a la memoria a corto plazo. La memoria a corto plazo presenta dos limitaciones que son importantes destacar: esta memoria se caracteriza por ser transitoria y tener una capacidad limitada. La transitoriedad de esta memoria tiene una implicación educativa: si se pretende que los alumnos adquieran información nueva, los docentes deberán llevar a cabo una acción que permita compensar este obstáculo. La memoria a corto plazo posee una capacidad limitada debido a que solo puede almacenar hasta 7 unidades de información: 7 letras, 7 palabras, etc.

En tercer lugar, la información se almacena de manera relativamente permanente en la memoria a largo plazo. Se trata de una gran base de datos que guarda toda la información que vamos adquiriendo, esto es, la información que poseemos sobre el mundo y sobre nosotros mismos. La memoria a largo plazo se caracteriza por tener una capacidad que prácticamente es ilimitada y, además, permite almacenar la información durante un tiempo indefinido. Para que se dé el paso de la información desde la memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo es necesario que la persona haga un esfuerzo consciente utilizando diferentes métodos.

La motivación ejerce un papel fundamental en la memoria ya que cuanto más motivado esté un alumno para hacer una tarea, mejor resultado obtendrá. La motivación es un proceso que ejerce una doble función: provee al alumno de la energía suficiente para llevar a cabo una tarea y orienta el comportamiento y la actuación del estudiante hacia el logro de objetivos.

Con el objetivo de mejorar la recuperación y retención de información se pueden realizar las siguientes actividades:

  1. Repaso o repetición. Se trata de una estrategia simple, pero eficaz. Supone un procesamiento superficial, es decir, no necesita llevar a cabo ningún análisis ni asociación conceptual. Esta estrategia consiste en repetir la información tantas veces lo necesitemos hasta aprenderla.
  2. Organización. Esta estrategia consiste en agrupar la información por categorías semánticas. De esta manera se reducen las unidades de información a manipular.
  3. Elaboración. Consiste en establecer relaciones entre dos o más unidades de información que no pertenecen a la misma categoría semánticas.

BIBLIOGRAFÍA

Vidal-Abarca, E., García, R. y Pérez, F. (2014). Aprendizaje y desarrollo de la personalidad. España: Alianza Editorial.